Es increíble, pensaba, sentado, como solía estar en las tardes, en su silla, intentando calmar la intranquilidad que atribuía a su vejez, mientras fumaba un buen pucho.
Era una tarde especialmente hermosa, el color del cielo le hacía recordar aquel verano en Europa occidental, pero claro, aunque ambos sean embankments, un río no es un mar y una costa verde no es un Volga.
Ricardo solía mezclar sus pensamientos, como el humo que expiraba, a veces gris y cargado, sus demonios regresaban cada cierto tiempo, no aguantaba el humo como cuando era joven y solía impresionar a sus amigos con su gran resistencia, luego de botar un poco de humo le gustaba alardear de sus conocimientos sobre las nubes estrato y la razón de que el cielo de Lima sea el mismo de una panza de burro o del humo de su pucho. Se daba cuenta que no era un joven, claro, el doctor le había dicho que ya no debía fumar, pero uno o dos porros a la semana no hacen mal a nadie solía decirse, son los privilegios de un viejo, al final quién conoce de cerca a la muerte como él, no le teme, la respeta, quizás.
En fin, la tarde era especial, porque era el último día de cuarentena, la gente aún permanecía en sus casas, era el último día que el viejo podría contemplar el mar de esta forma desde su edificio que tenía vista a la bajada balta, menudas historias que tenía, como la vez cuando terminó su relación de 7 años en este mismo lugar. O la vez que terminó embriagándose con un grupo de Belgas en esta misma bajada, congeniaron tanto que al siguiente día por la mañana pactaron una salida a la playa.
Así pensaba, luego de mucho análisis había llegado a la conclusión que el tiempo no era relevante en las relaciones, sino la calidad de este, menuda elucubración, si hubiera sabido esto hace unas décadas, tal vez hoy no estaría solo aquí, se le empezó acabar el porro entonces, en su juventud se daba cuenta por ese pequeño calor que sentía en la yema de sus dedos, similar a cuando pones la mano cerca a plancha para saber si ya encendió, pero ya ahora, tenía que inspeccionarlo visualmente, nunca se quiso comprar una pipa, pensaba que eso lo volvería un drogadicto, ya había cruzado la línea que se impuso de no gastar dinero en comprar drogas por su cuenta, en su juventud solía decirse que solo consumiría su le invitaban, pero hace tiempo ya que no respetaba ello y no quería comprometerse más.

El sol había desaparecido hace unos minutos, pero su ritual no acababa hasta que el cielo pasaba de ser naranja a azul, cuando de pronto escucha su celular, era una notificación de un nombre que no había visto hace mucho, una solicitud de amistad de la colombiana.
Ella era una chica que había querido en su momento y que representaba muchas cosas en su vida, la estupidez, la ilusión, la inocencia, sobretodo era una representación de aquellos amores románticos que se ven en las películas, y descrito de esta forma por él mismo debido a lo surrealista de ambos.
Sobre todas estas características ella representaba la idea de las coincidencias en una vida, y no precisamente damos a las personas las representaciones más lógicas, simplemente las que nos nacen.
Siempre había pensado que las coincidencias que se dieron para conocer a esta pequeña y morena caribeña, ojos marrones y sonrisa hermosa, fueron demasiadas.
Eran tan pocas las probabilidades de conocer a alguien así, es decir si aquella noche en México no hubiera volteado la cabeza en el momento y lugar preciso, jamás hubiera visto a la amiga, con la que tuvo una conversación cuando se cambió de asiento en el viaje al cual no hubiera asistido si se hubiera quedado dormido unos minutos más.
Se imaginaba que hubiera pasado si no se hubiera dado valor para acercarse al grupo donde estaba esa amiga y la aún desconocida colombiana, increíble, o si no le hubieran rechazado el plan a Jimena, que en ese momento animaba al grupo a ir a otra fiesta, no hubiera podido llevar a todos a la fiesta de Frank, a la cual por cierto no hubiera podido invitar a todo el grupo sino hubiera sido un fracaso hasta ese momento, donde finalmente tuvo la primera oportunidad de conversar con ella, todo esto a manera de primera coincidencia.
Aceptó la solicitud sin mucho drama, se paró de su silla y se fue dentro del departamento, su ritual había sido asqueado por este evento, quien sabe que querría, seguro nada bueno, por ahora quería dejar de pensar y refugiarse en su trabajo como era costumbre.


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